Mi profesor y maestro de la sociología crítica en España, Jesús Ibáñez (1928-1992) solía emplear una frase para ilustrar la falsa ilusión que provocan las religiones de cualquier tipo con su promesa de salvación eterna: “Mañana cadáveres gozareis”. Esto es lo más parecido a lo que nos están proponiendo los gobiernos europeos desde que empezó la crisis en 2008. Acabamos de saber que el paro en España alcanza ya los 5,6 millones de personas, y en la “hoja de ruta” de la legislatura, el propio ministro de economía nos ha anunciado que al final de la misma la cifra de paro superará la que teníamos al inicio.
¿Pero, no era el empleo la primera prioridad?
Que un plan de estabilidad y reformas se presente en PowerPoint, puede dar una idea de la “volatilidad de las reformas”, y es a la vez signo de estos tiempos líquidos que nos toca vivir. Probablemente habría que centrar muchas más energías y esfuerzos en reformas como la financiera, donde está el origen y meollo de la crisis, pero en cambio ponemos el foco en la Administración, aunque en nuestro caso, el propio PowerPoint ministerial señale que España tiene el menor volumen de deuda pública sobre PIB de los países de “referencia” (Italia, Francia, Reino Unido y Alemania), a la vez que la mayor deuda privada (@jordisevilla). ¿No sería realmente más urgente la reforma financiera? Pero en fin, hablemos de la Administración, que es nuestro tema, una administración inteligente.
Sin duda son necesarios ajustes y reformas en una burocracia pública que ha tenido un crecimiento desordenado en los últimos años, y que se encuentra desmotivada, con duplicidades y en muchas ocasiones mal gestionada. Sin embargo, si esas reformas solo se quedan en ajustes crecientes y compulsivos, nos pueden llevar al final a una burocracia aún más desmotivada, peor gestionada, anémica y sin músculo.
Puesto que los ajustes cobran protagonismo frente a las reformas, habría que analizar con frialdad los datos para ver donde están las grandes oportunidades de ahorro. Si observamos las grandes cifras de déficit público en relación al PIB , veremos que aproximadamente un 60 % del desfase se produce en el Estado, cerca de un 25 en las CC.AA. y no llega al 15 % en la Administración Local. Pues bien, como aquel borracho que busca sus llaves perdidas al lado de la farola, que es donde hay luz, en vez de indagar allí donde las ha perdido, ponemos el foco quizás donde el forofeo mediático nos señala, sin preocuparnos demasiado de objetivar si es allí donde está el problema .
El foco de los recortes, al menos aparentemente, se ha puesto en los eslabones débiles:
En el caso de las Administraciones apenas tocamos grandes e importantes burocracias ministeriales centrales (Defensa, Economía,…), y ponemos el acento en las “malditas” CC. AA., (o sea, en Educación y Sanidad) y en las Administraciones Locales, que es precisamente donde están los servicios sociales de proximidad hacia las personas.
Si analizamos por colectivos sociales, parece ocurrir otro tanto de lo mismo: focalizamos en extranjeros, dependientes, jubilados, funcionarios, estudiantes, clases medias…En este aspecto, la magnitud y amplitud de los recortes, nos hacen recordar aquel poema atribuido a Bertolt Brecht : primero vinieron a por los judíos, pero como yo no era judío, después…
¿Habría otros lugares donde poner el foco? ¿Podríamos indagar, quizás, la posibilidad de abaratar algo más el coste de algunas instituciones hasta ahora casi intocadas (la monarquía, el consejo general del poder judicial, el senado, las diputaciones,…)?. A juzgar por algunos titulares, parecería que los Alcaldes de los pueblos pequeños son los grandes culpables de la crisis, ¿desenfoque o tomadura de pelo?.
En cuanto a las reformas administrativas, muchos pensamos que efectivamente hacen falta cambios en profundidad en el modelo burocrático público, cambios en varios ejes de trabajo simultáneos, que ya venimos señalando en este blog:
- Reajustar y actualizar misión y competencias entre las Administraciones. (leyes de competencias y financiación local, entre otras). En definitiva reordenación de la cartera general de servicios.
- Plan de modernización y reorganización interna de cada nivel, reasignación de efectivos hacia nuevas prioridades (empleo y servicios sociales) implantando sistemas de gestión de calidad, con énfasis en costes y orientación al ciudadano.
- Dirección pública profesional en organismos y agencias ministeriales, y cambios con mayor flexibilidad y productividad en el modelo de función pública (@francisco_longo).
- Transparencia y gobierno abierto, con un uso intensivo de tecnología, convirtiendo a las Administraciones en organizaciones colaborativas de conocimiento.
Estos ejes, entre otros, deberían alumbrar un modelo que hasta ahora no se vislumbra, o no se quiere enunciar, si bien de las medidas puestas en marcha, podemos deducir algunos de los vectores de cambio: La reforma laboral y su impacto en el sector público abre las puertas a los despidos de empleados públicos laborales y al ajuste en empresas y fundaciones públicas. Las reducciones y congelaciones salariales, junto a la unificación horaria, apuntan a una mejora de la productividad, pero ¿a qué precio? ¿Cuál es el modelo de función pública?. Recientemente el profesor S. Kelman , alertaba sobre los riesgos para la innovación de impulsar cambios “solo mediante el miedo”.
Lo que realmente resulta inquietante es no saber cuál es el dibujo final al que se nos quiere llevar, y dado que nadie nos lo explica, nos entra la duda razonable
¿Y si la reforma fuera el ajuste?
¿Queremos un estado y una administración renovada, ágil, emprendedora, capaz de liderar el impulso que la sociedad y el mercado necesitan?
¿O realmente lo que queremos, como apuntan algunas voces, es una disminución (o demolición) controlada del estado, una entrada ordenada de grandes empresas al negocio público y una administración de mínimos, anémica y subsidiaria de los mercados?, (esos mercados que son precisamente los que nos han llevado a esta situación).
¿Y si el ajuste es la reforma?




