¿Podemos hablar de ciudad inteligente sin que suene a negocio?, se preguntaba recientemente Joan Subirats (@Subirats9).
Buena pregunta para empezar una reflexión. La verdad es que realmente no tengo nada contra los negocios, salvo que sean como los del Sr. Diaz Ferrán o los de Mr. Adelson, un individuo cuyo modelo de negocio parece apoyarse en pautas bien conocidas en nuestro país: relaciones privilegiadas con la clase política, coste de oportunidad sobre suelos calificados a medida, construcción inmobiliaria, casinos y ley de la selva con la mínima regulación en todos los sentidos. ¿Les suena este modelo? ¿No será algo parecido lo que nos ha llevado precisamente a la crisis que hoy padecemos? ¿Podrá la ciudad que se identifique con semejante “modelo de negocio” posicionarse en el ranking de ciudades inteligentes?
Hemos dicho en este blog que las ciudades inteligentes están de moda, y cada vez está más claro que no todas las ciudades podrán arrogarse ese calificativo. De hecho AENOR acaba de tomar cartas en el asunto y con los correspondientes avales institucionales parece dispuesta a “normalizar” e incluso “certificar” quien podrá llevar la marca en función del cumplimiento de determinados estándares, para lo que se acaba de constituir un grupo de expertos o Comité de Normas para una ciudad inteligente. No sabemos muy bien lo que son las ciudades inteligentes, pero ya tenemos un comité que las normalice. Está bien, y creo que es necesario, pero da la impresión de que “echamos el carro antes que los bueyes”, pero todo sea por la causa, que sin duda merece la pena, aunque yo insistiría en la pregunta ¿Podemos hablar de ciudades inteligentes sin que suene a negocio?
Intentémoslo pues y la mejor manera que se me ocurre es precisamente “pasar de hablar de la moda a hablar del modo de hacer ciudad”, que es donde creo que reside el meollo de la cuestión.
Afortunadamente se va imponiendo la idea de que más que ciudades inteligentes, tendríamos que hablar de una gestión inteligente de las ciudades. Así lo expresa frecuentemente con buen criterio el propio Presidente y fundador de la Red Española de Ciudades Inteligentes (RECI) y Alcalde de Santander @idelaserna, y así también lo señaló acertadamente Borja Adsuara, en el III Congreso de mentes brillantes. Desde hace tiempo algunos venimos abogando por un enfoque de estas características, en busca de una “gestión inteligente de ciudades y de un nuevo municipalismo”.
Hoja de ruta: 7 Requisitos para una ciudad inteligente
Para contribuir al debate, hemos buscado y encontrado 7 requisitos básicos, a modo de hoja de ruta tentativa para avanzar en esa gestión inteligente de ciudades, que de forma natural deben liderar los Ayuntamientos. A saber:
1. Tener clara la estrategia, el proyecto de ciudad que se quiere para el futuro. A veces se le llama plan estratégico, pero puede adaptar otras muchas formulaciones. Significa tener claro el propósito, la visión y además actualizarla sistemáticamente.
2. Construir un modelo de gobernanza para una gestión relacional de la ciudad. Ahora tiende a confundirse con la cooperación público privada (CPP), pero ésta es solo una faceta de este modelo, que pasa por implicar a la sociedad civil, a entidades, empresas y ciudadanos. Un pequeño detalle, necesita mucha participación y liderazgos inteligentes. “Alcaldes Smart”.
3. Tener un sistema de gestión eficiente. A veces se le ha llamado sistema gerencial, otras de calidad, y puede adoptar diferentes formulaciones, a condición de medir sus resultados y conseguir estándares de productividad cercanos o mejores a la media de nuestro entorno. En este momento es prioritario reformular estructuras y muchos “procesos de servicio” que han quedado obsoletos en los Ayuntamientos.
4. Tener una potente base tecnológica lo más integrada posible. Muy relacionado con el punto anterior, pues solo se podrá avanzar en aquellas ciudades que dispongan de sistemas de gestión y bases de datos suficientemente integradas. Esto permitirá además realizar una adecuada gestión del conocimiento y de la colaboración interna y externa, clave para el éxito.
5. Tener equipos motivados y directivos profesionales. Serán una mezcla de burócratas tradicionales reciclados, junto a profesionales de las áreas del bienestar y los servicios urbanos. Mix de laborales y funcionarios, fijos y eventuales, cada vez más polivalentes y con una alta cualificación. Tendrán que saber convivir y trabajar eficazmente con equipos externos al Ayuntamiento. Para ello necesitaremos altas capacidades técnicas y sobre todo directivos cualificados, alejados tanto del clientelismo partidista como del corporativismo funcionarial.
6. Obrar con transparencia, apertura responsable de datos, y una auténtica rendición de cuentas on-line. Parte de lo que estamos llamando gobierno abierto. Abrir la colaboración y la participación por todos los canales, incluidas las redes sociales. Si se van cumpliendo los requisitos anteriores, y en esa misma progresión, esto será relativamente fácil y sencillo. De lo contrario será complicadísimo y ortopédico.
7. Sostenibilidad del modelo territorial, con servicios urbanos mucho más eficientes. Esto afectará a los ritmos de crecimiento y al consumo de recursos básicos: económicos, sociales y ambientales. Por aquí aparecerán muchos “smart projects”, y oportunidades de colaboración público privado. Para ello necesitaremos emprendedores y empresas inteligentes y socialmente responsables con las que hacer alianzas estables (más que negocios puntuales).
Si hablamos de todas estas cosas probablemente no hablaremos solo de negocios, sino de una gestión inteligente de las ciudades.





