Una nueva Transición

Nueva transición

¿ESTAN LOS AYUNTAMIENTOS PREPARADOS PARA GESTIONAR UNA NUEVA TRANSICIÓN?

Es la pregunta que nos podemos hacer tras una legislatura convulsionada  por dos grandes terremotos: el “tsunami de la crisis” y el “tsunami de la corrupción”. Recientemente pudimos debatir sobre ello en las #JOMCAL2014 celebradas en Málaga.

Del “tsunami económico” ya se puede hacer un primer balance y recuento de víctimas: caída brutal de los ingresos tanto ordinarios como extraordinarios y en consecuencia reducción drástica del gasto local. El empleo público ha caído en torno a un 10%, el gasto corriente entre el 10 y el 20% como media, y las inversiones, según los casos, entre el 20 y el 80%, según los datos estimados por nuestro colega A. Galofré. Esta ha sido la tónica general en la mayoría de Ayuntamientos.

El resultado global de este austericidio son unas cuentas locales más saneadas, donde la gran mayoría de los gobiernos locales cumplen actualmente los objetivos de déficit, mientras el grupo minoritario que no los cumple, se encuentran en una situación práctica de “intervención por el Ministerio de Hacienda”.

Los damnificados una vez más son los ciudadanos, no solo porque nuestras calles estén más sucias y la calidad de algunos servicios se resienta, sino sobre todo, porque el desempleo sigue en porcentajes similares, mientras aumenta notablemente la fractura social. No hay más que ver el aumento exponencial de personas atendidas por organizaciones como Caritas, que pasa de 370.000 en 2007 a 2.513.503 en 2013, al tiempo que descienden los beneficiarios de la ley de dependencia y de otros programas sociales municipales por falta de fondos. Con todo, los Ayuntamientos han sido capaces en muchas ocasiones de dar respuesta o al menos “dar la cara” ante la necesidad social (comedores, deshaucios,..) en colaboración con la sociedad civil.

Después de todo, somos sin duda más austeros, pero ¿a qué precio?. No está nada claro que seamos más eficientes, ni tampoco que hayamos logrado innovar nuestros sistemas de gestión, que era otra de las grandes cuestiones iniciales ¿estamos mejor preparados para abordar el cambio de época?.

La Ley de Reforma y Sostenibilidad de la Administración Local se ha alineado sobre todo con los objetivos de racionalizar, controlar y favorecer la iniciativa económica privada, dejando en segundo plano otros más “delicados” como la clarificación de competencias (C. Campos), que es sin duda el gran fracaso de esta reforma, junto al olvido de cuestiones como la dirección profesional, la función pública o la calidad de la democracia local. De financiación ni hablamos, porque “ni está ni se le espera”.

El otro “tsunami de la corrupción” sigue convulsionando día tras día a Ayuntamientos y otras Instituciones y cada vez es más evidente que se ha convertido en el eje vertebrador del debate político actual, que nos encamina hacia un efecto de “política vudú” a través de Podemos, como bien señala  Torreblanca en un brillante artículo aplaudido por el mismísimo Pablo Iglesias. ¿Estamos ante un mal sistémico? Entonces habrá que diseñar un modelo que dificulte la corrupción, que provea de incentivos en otra dirección, y que proteja y estimule las “buenas conductas”.

Hemos iniciado tímidamente un camino con las leyes y ordenanzas de transparencia, si bien el trecho es largo para pasar de una transparencia de escaparate a otra real, más cercana a la evaluación de políticas,  la apertura de datos y rendición de cuentas permanente, al diseño de marcos de integridad y códigos éticos, vigilados también desde la sociedad civil y no solo desde el estado.

Daniel Innerarity  nos viene planteando al respecto unas cuantas preguntas interesantes (¿se trata de coger el poder o hacer algo con él?) y algunas “estrategias para gobernar”, entre las que yo destacaría la necesidad de disponer de “sistemas inteligentes”, capaces de sobrevivir a los malos políticos y también incluso a los malos funcionarios. Sin duda hay que implantar este tipo de modelos aunque no podemos olvidar que los modelos y las tecnologías son solo medios y es muy fácil convertirlos en fines (S. Jimenez). Si esto ocurre, estaremos matando la innovación.

Gobernar el fututo significa implantar otros modos de hacer, incorporar la tecnología como instrumento y herramienta de rendición de cuentas y también de participación  (“gestionar implicando a la gente”), asumiendo los riesgos que eso conlleva, tanto desde un punto de vista tecnocrático como desde la calidad de la democracia misma.

¿Tenemos que ir a “Gobiernos y administraciones nudistas”, como ya plantean algunos? (T. Fernández). Desde luego, habrá que entender y digerir la actual demanda de radicalidad democrática, además de incorporar las necesidades y expectativas de los nuevos ciudadanos “millennials” a las instituciones (O. Cortés).

Pero sobre todo, la gran pregunta es si las Instituciones y las personas que las dirigen están preparadas para gestionar la transición que ya se está produciendo, entre lo nuevo y lo viejo, entre lo analógico y lo digital, entre un bipartidismo agotado y un multipartidismo alternativo y emergente…. En definitiva, ¿estamos preparados para gestionar la Innovación democrática?

Bien nos haría estar muy atentos a lo que están haciendo por Europa (E. Cuellar), e ir aprendiendo también de algunas experiencias iberoamericanas. Para ello tenemos una cita muy interesante en el Congreso Iberoamericano de Innovación.

¡Allí nos vemos!

Publicado el: 16/11/2014